Felipe Sahagún

 

La visión del mundo  

Lo tenía muy claro desde el principio. Desde los primeros días en aquel pasillo hecho aula para albergar el periodismo en la universidad. La primera promoción. Un tiempo de grandes profesores (Alvar, Beneyto, Benito, Albalá, Horia, Fernández Asís...) y grandes turbulencias. De repente, los grises pasaban por mitad de aquel pasillo con mesas. Se montaba un mitin tapando la cámara de seguridad que también servía para retransmitir la clase a dos aulas cercanas. Éramos legión, pero la mayoría se desvanecía mientras progresaba el curso. Felipe estaba entre los fieles, aprendiendo y buscando, y aireando el grato recuerdo de un tiempo previo de estudios en los Estados Unidos.
     Se veía venir por sus intervenciones en clase y en nuestros corrillos de cafetería que Felipe Maraña Marcos se iba a dedicar a la información internacional. Enseguida se marchó a los Estados Unidos para estudiar Relaciones Internacionales en una de las universidades periodísticas por excelencia, Columbia, en Nueva York, donde terminaría por hacer la corresponsalía del entonces diario de la tarde Informaciones y colaborando con Radio Nacional los fines de semana. Ahí nació su amistad con Cirilo. Sobre el terreno de las Naciones Unidas y el Hudson. Aunque abierto a todos, pienso que el alma segoviana de Cirilo no se casaba con cualquiera. Y con Felipe tuvo amistad y estrecha relación profesional. Un veterano que olfateaba la madera del leonés de Sahagún de Campos. En nuestro caso el destino de la edad, el periodismo y las ganas de mundo nos llevaron accidentalmente a compartir pasillo de estudios y pasillos de Naciones Unidas, y luego los de Radio Nacional y Televisión Española.
Felipe volvió a Madrid y encontró su sitio y su familia periodística en la radio. Su labor la conocen bien un puñado de corresponsales e informadores internacional formados, en la redacción de RNE y luego en TVE, en el amor a la política internacional. Sus clases en la universidad tenían pues su dominio paralelo en Prado del Rey. No es fácil ganar voluntades a la causa de “lo internacional”. Algunos dudan de su respeto —por falta de espacio y escaso tratamiento— en muchos medios. Otros sí sueñan en la cobertura de guerras y en las corresponsalías. Felipe ha actuado de apóstol para la causa de una generación de periodistas.
     Obsesivo en el dato. Prudente en el juicio. Con perspectiva mundial siempre. El devenido Felipe Sahagún (su nombre de guerra para la radio cundo simultaneaba la prensa) es un periodista formado en América. Se nota en su obsesión por acumular diversas fuentes y por escribir con un estilo contenido, creando la opinión a través de la suma de información. La mejor opinión sale del dato. Aunque ha paseado por todos los medios, su verdadero yo periodístico esta en la prensa, y ahí ejerce con visón amplia y larga, y una escritura eficaz. El mundo tiene un hombre que siempre contempla el mundo entero. Pero sin perder el más cercano detalle.
     Felipe cogía el convoy subterráneo del largo subway neoyorquino, con parada en 42 y Segunda Avenida, para meterse en la puerta giratoria de UPI, pisar sobre aquel planetario que ornaba su suelo y lanzar su crónica. Y luego, vuelta al campus de Columbia, en el norte de Manhattan para aquilatar el análisis de aquel mundo de superpotencias, misiles balísticos, guerra fría y equilibrio del terror… Fue una etapa intensa que le marcaría su hoja de ruta profesional.


Javier Martín Domínguez

 

 
Títulos del autor en Catarata:

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